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Novela y cuento hispanoamericanos




En los años 40 y 50 la literatura hispanoamericana da las primeras muestras de superación de los modelos narrativos que habían dominado el panorama literario de las décadas anteriores. El Regionalismo de los años 20 y 30 (“novelas de la tierra” y “novelas sociales”), más preocupado por la utilidad del mensaje literario que por cuestiones estéticas comenzaba a agotarse. Además, por influencia del surrealismo y del psicoanálisis, surge una nueva concepción de la realidad que ponía en duda la capacidad del hombre para entender el mundo por medio de la observación y la razón. Asimismo, las transformaciones en la vida social (el crecimiento de las ciudades, el mayor acceso a la enseñanza, la mejora de la propia industria editorial) y la influencia que ejercerán los renovadores de la literatura europea y norteamericana (Faulkner, Joyce, Proust, Kafka y Dos Passos, especialmente) favorecerán el nacimiento de la llamada nueva novela.


Esta “nueva novela” (que se consolidará definitivamente en el boom de los años 60) supondrá la aparición, junto a los espacios rurales, del nuevo mundo urbano y la atención de los problemas humanos, junto a los sociales. Del mismo modo, lo local irá dejando paso poco a poco a los temas y símbolos de alcance universal. Aunque la característica que se ha señalado como más definitoria de la nueva tendencia es la incorporación de elementos fantásticos y maravillosos: lo mítico, lo legendario, lo irracional y lo mágico irrumpirán en las historias a través de dos técnicas principales: la poetización de la realidad (ver lo extraordinario que se esconde tras lo cotidiano) y la naturalización narrativa de lo maravilloso (tratar, en el transcurso de la narración, los hechos maravillosos como si fueran normales).

La temática de estas novelas es muy variada, pero destacan en todas ellas dos compromisos: con el ser humano y sus problemas y con la historia convulsa del continente americano. Del primero derivan las novelas existenciales, en las que predomina la soledad, la incomunicación, la pérdida del sentido de la vida, la muerte y los personajes en conflicto con su entorno; en esta línea habría que situar la obra de Onetti (cuyos personajes persiguen, sin alcanzarlo, algo que dé sentido a sus vidas) y de Sábato (quien escribe “para bucear en la condición de hombre”). Del segundo compromiso, derivan las novelas sociales, entre las que destacan las “novelas de dictador”, tendencia iniciada por Miguel Ángel Asturias en El señor Presidente y continuada por otras obras como El otoño del patriarca (Gabriel García Márquez) o Yo, el supremo, de Roa Bastos (mucho más recientemente La fiesta del chivo, publicada en el año 2000, será la contribución de Vargas Llosa a esta saga).

Otros autores reflexionan sobre la historia del continente (civilizaciones precolombinas, colonización, tiranías y guerras de independencia): El siglo de las luces, de Carpentier y La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa, serían dos buenos ejemplos de ello. La metaficción -reflexión sobre el proceso creativo dentro de la obra- es también motivo recurrente; Rayuela de Cortázar es, en este sentido, ejemplo paradigmático, al incluir en los capítulos prescindibles (recordemos que la novela propone dos lecturas posibles, con y sin estos capítulos) las teorías de Cortázar sobre la creación literaria. Por último, habría que señalar el humor (cuyo tratamiento varía desde la sátira mordaz al humor lúdico) y el erotismo (en todas sus dimensiones, más y menos convencionales).

Las innovaciones afectarán, asimismo, al discurso y a las técnicas narrativas. La más evidente es la ruptura de la estructura tradicional de la novela (lo que obliga a prestar una mayor atención a la lectura). Destacaremos la ruptura de la linealidad temporal (prospecciones, retrospecciones, digresiones, historias intercaladas o paralelas), la introducción de un tiempo subjetivo (el de la memoria, el de los sueños, el tiempo psicológico) y la combinación de voces narrativas y puntos de vista diferentes (el narrador omnisciente se sustituye por un narrador protagonista desdoblado, incorporando la voz del subconsciente a través de los sueños, el monólogo interior o la segunda persona autorreflexiva). Otra constante es la preocupación por el lenguaje, por el poder de sugerencia y el ritmo de la prosa. Los autores experimentan con el idioma (neologismos, juegos tipográficos, distorsiones sintácticas o semánticas), rescatan lo coloquial para vivificar el relato (aunque rechazan lo excesivamente local) y en ocasiones, tal es el caso de Carpentier, desembocan en un barroquismo descriptivo (el propio autor declaraba que “América, continente de simbiosis, de mutaciones, de vibraciones, de mestizajes, fue barroca desde siempre”).


Es difícil hacer una cronología exacta de la nueva novela, dada la controversia de los críticos al respecto. Pero suele señalarse a tres autores como aquellos que abrirán el camino de esta nueva narrativa: el guatemalteco Miguel Ángel Asturias (cuya obra El señor Presidente de 1946 abordaba las injusticias sociales de su país a partir de la figura del dictador), el cubano Alejo Carpentier (renovador temprano desde El reino de este mundo, de 1949, y consagrado a partir de 1953 con su obra Los pasos perdidos, novela que con deslumbrante riqueza lingüística trata de los conflictos entre la cultura indígena y las culturas europeas) y el argentino Jorge Luis Borges, cuyas obras Ficciones (1944) y El Aleph (1949) cuestionaron los límites de la realidad e indagaron, a través de lo extraordinario y lo ilógico, en los enigmas de la existencia. Aunque hay que destacar que, antes del boom de los 60, Juan Carlos Onetti ya había publicado sus primeras novelas (reveladoras del profundo pesimismo del autor), Ernesto Sábato, El túnel (1948) y Juan Rulfo, toda su obra: la colección de cuentos de El llano en llamas y su magistral novela Pedro Páramo, de 1955, en la que a través del viaje de Juan Preciado en busca de su padre (un tal Pedro Páramo), nos habla de una realidad mexicana del caciquismo y la miseria (interpretándola desde lo local) y de la desorientación espiritual del hombre moderno (interpretándola desde lo universal).


La obra de estos primeros autores revelaba tempranamente la existencia de dos tendencias principales en la nueva novela: el realismo mágico de Asturias, Carpentier o Rulfo (líneas que continuarán, posteriormente, Gabriel García Márquez o Vargas Llosa) y el realismo fantástico de Borges (y más tarde Cortázar, maestro incansable de la búsqueda de un “orden más secreto y menos comunicable de las cosas”). Lo que distinguía ambas corrientes es el modo en que se integran los elementos fantásticos y reales en la narración. En la primera, ambos mundos -real y maravilloso- conviven en el discurso narrativo sin extrañeza (lo que provoca encantamiento en el lector); mientras que en la segunda, los dos mundos resultan irreconciliables y la realidad se vuelve incomprensible y caótica, (lo que provoca desazón y terror). Aunque, dado el ingente volumen de obras y autores diferentes entre sí, cualquier clasificación supone una simplificación y no siempre es fácil ubicar los textos en una u otra corriente.


En los años 60 se produce ese fenómeno que se ha llamado el Boom de la novela hispanoamericana. Se trata del período de máximo esplendor de esta narrativa y supone la integración definitiva de lo fantástico y lo real. Como causas explicativas de este boom, además de las señaladas arriba para explicar el cambio de rumbo de la narrativa, hay que añadir una relacionada con el mercado editorial: el respaldo que la nueva novela recibió por parte de las editoriales españolas (Seix-Barral), francesas (Gallimard) y latinoamericanas (la argentina Losada o las mexicanas Siglo XXI y Fondo de Cultura Económica). Algunos autores han señalado, como factor determinante del boom, la coincidencia en pocos años de muchos novelas magistrales: La ciudad y los perros (Vargas Llosa, 1961), El astillero (Onetti, 1961), Sobre héroes y tumbas (Sábato, 1961), El siglo de las luces (Carpentier, 1962), La muerte de Artemio Cruz (Fuente, 1962), Rayuela (Cortázar, 1963), Paradiso (Lezama Lima, 1966), Tres tristes tigres (Cabrera Infante, 1967), Cien años de soledad (García Márquez, 1967) y Conversaciones en la catedral (Vargas Llosa, 1969). Son estas novelas las que despertarán la atención de Europa y el mundo en general hacia la narrativa hispanoamericana; del interés que estas suscitan nacerá el interés por los autores de las décadas anteriores y posteriores del boom.


De todas ellas, quizás sea Cien años de soledad la que ha alcanzado mayor visibilidad internacional (es la obra más leída en castellano después del Quijote). En la novela, García Márquez nos cuenta la historia de la saga de los Buendía a través de siete generaciones y la historia del pueblo de Macondo que, desde su fundación por Arcadio Buendía -patriarca de la estirpe-, estaba condenado a desaparecer en un diluvio de resonancias míticas. La obra, considerada el culmen del realismo mágico, ha recibido varias interpretaciones: algunos críticos la entiende como una metáfora de la condición humana (determinismo, soledad, violencia) y otros, en virtud del paralelismo de la historia de Macondo con la de Hispanoamérica -sus problemas sociales y políticos, el imperialismo, las guerras o la pobreza- como novela de denuncia social.

Con el paso de los años se han hecho numerosos estudios y revisiones de este fenómeno del boom y su onda expansiva. Algunas de estas revisiones señalan el hecho de que el boom fue un movimiento literario exclusivamente masculino y centrado en el género de la novela; apuntan, en este sentido, la discriminación que sufrieron otras formas literarias como la lírica o el teatro, incluso el cuento que se apartaba de los preceptos de moda (el de Virgilio Piñera y Julio Ribeyro, por ejemplo) o la literatura escrita por mujeres. Su visibilidad, en algunos casos, llegará en las décadas siguientes.

A mediados de la década de los 70 se observa en la literatura hispanoamericana un cambio de rumbo que predominará durante los 80. A esta nueva tendencia se la ha llamado mayoritariamente postboom, aunque los autores que la representan prefieren la denominación de “novísima narrativa”. Si la nueva novela nacía vinculada a las esperanzas revolucionarias, esta se vincula a la época de desilusión ante el fracaso de los proyectos democratizadores. Sus protagonistas son los llamados autores novísimos (o boom junior, como prefieren algunos críticos), aunque hay que señalar que de este cambio de orientación en la narrativa participarán, en mayor o menor medida, los autores anteriores que siguen publicando (Vargas Llosa, Fuentes, Donoso o García Márquez). En líneas generales se observa una mayor confianza en la capacidad del ser humano para percibir la realidad y en el lenguaje para contarla; la presencia de vivencias cotidianas; la recuperación del realismo (frente al realismo mágico de la nueva novela) y el auge de la literatura testimonial y de la narrativa femenina (Isabel Allende, Ángeles Mastretta, Elena Poniatovska, Laura Esquivel, Zoe Valdés, Mayra Montero o Marcela Serrano, entre otras muchas).

En cuanto a la temática, destaca la denuncia social, ideológica o política. En este sentido cabe señalar el auge de la literatura testimonial: Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia (1983), de la guatemalteca Rigoberta Menchú, o la narrativa de la mexicana Elena Poniatovska. El exilio interior y exterior fue también motivo inspirador de muchos autores, como es el caso de la argentina Luisa Valenzuela, del cubano Reinaldo Arenas o de algunas obras del uruguayo Mario Benedetti: Primavera con una esquina rota (1982) y Geografías (1984). Destaca asimismo, el aumento de las novelas de tema histórico que pretenden construir un discurso distanciador con respecto a la historiografía oficial: Gringo viejo (1985), de Carlos Fuentes, Noticias del imperio (1987), del mexicano Fernando del Paso o la trilogía Memoria de fuego (1982), del uruguayo Eduardo Galeano ejemplificarían esta tendencia. Otra característica temática novedosa la representa la incorporación en la novela de la cultura popular (el cine, la música, los deportes, la televisión) las drogas y el sexo; el argentino Manuel Puig será pionero de esta tendencia con sus novelas La traición de Rita Hayworth (1968), Boquitas pintadas (1969) o El beso de la mujer araña (1976). La recuperación del tema del amor, el mundo de los sentimientos y el erotismo es representativo tanto de autores nuevos (como es el caso de Isabel Allende o Zoe Valdés) como de alguno consagrado (el final feliz de El amor en los tiempo del cólera, de García Márquez, apunta en esa dirección). Por último hay que señalar la presencia del humor: el humor subversivo y paródico de Severo Sarduy, el humor negro y satírico de Fernando del Paso en Palinuro de México (1977), la ironía del argentino Abel Posse o la caricatura de la sociedad peruana en la obra de Bryce Echenique.

En lo que se refiere a las técnicas narrativas, cabe señalar la convivencia en la narrativa novísima de dos tendencias principales. La primera de ellas está representada por novelas realistas, de fácil lectura, con predominio de la trama, preferencia por la linealidad temporal y ausencia de discursos metaficcionales (es destacable este cambio de rumbo en las novelas de los años 80 de algunos autores del boom). La segunda tendencia, se caracteriza, contrariamente, por la exacerbación de la experimentación, la ausencia de trama argumental, la presencia de metaficción (destaca la parodia de algunos géneros literarios) y una gran preocupación por la elaboración del lenguaje -en la línea de la novela nueva-, lo que la convierte en una literatura para minorías. Representan esta tendencia la obra del cubano Severo Sarduy y la del argentino Salvador Elizondo.

El panorama actual es muy difícil de sintetizar dada la cantidad de países, autores tendencias, unido a la falta de perspectiva histórica suficiente. Hay que señalar que muchos de los autores del boom siguen escribiendo y prácticamente todos los del postboom también; además comienzan a asomarse al panorama narrativo nuevas voces entre las que podemos destacar al argentino Andrés Neuman, al mexicano Jorge Volpi o a la cubana Karla Suárez.










Género ensayístico



EL ENSAYO ESPAÑOL EN EL SIGLO XX
El enorme desarrollo del género ensayístico durante el siglo XX es una nota característica y una consecuencia de un período histórico particularmente agitado. Los factores que explican este auge son varios:
·         la crisis de los pilares que habían permitido hasta entonces construir una visión no problemática de la realidad
·         el encadenamiento de hechos históricos dan lugar a radicales transformaciones sociales en un trasfondo de guerras (mundiales, civiles, frías…)
·         la aceleración del ritmo histórico
·         la intensificación del individualismo
·         la incapacidad del hombre para dominar la propia existencia…
Todo ello contribuye a encumbrar el ensayo como vehículo idóneo para reflexionar sobre la realidad, más compleja que nunca, que preside este periodo.

CARACTERÍSTICAS GENERALES.
Se trata de un género que consiste en una reflexión personal acerca de un tema (científico, humanístico, jurídico, filosófico, político, social, cultural, deportivo…) de forma libre y con voluntad de estilo. Hablamos, pues, de un género abierto en el contenido como en la forma, en plena vigencia.
En cuanto a sus rasgos propios, destacan:
·         Son escritos que pueden tener una extensión variable.
·         Son textos fundamentalmente argumentativos, en los que el autor sostiene una tesis determinada (funciones expresiva y conativa: el autor expone sus ideas e intenta persuadir al receptor).
·         En ocasiones, el ensayista presenta argumentos basados en datos objetivos (en este caso, aparece la función referencial).
·         Podemos diferencias entre ensayos específicos de una materia (científicos, jurídicos…), para los que el lector necesita conocimientos previos para entenderlos, y ensayos divulgativos, dirigidos a un público amplio (especialmente en los subgéneros de opinión periodísticos).
·         Presentan una temática variada y sin demostración necesariamente científica.
·         El ensayista hace uso de una amplia libertad creadora, por lo que emplea con frecuencia los recursos propios del lenguaje literario (metáforas, símiles, paralelismos…).
·         Presentan una intención didáctica ya que nos informan sobre algún mensaje de carácter científico, moral, etc., o hacen reflexionar al lector sobre un asunto de interés.
·         La forma más común de presentación es la lengua escrita mediante tratados, manuales, artículos, ensayos, aunque los temas también puedan transmitirse oralmente en conferencias, exposiciones didácticas…


ESTRUCTURA.
Los textos ensayísticos suelen presentar sus ideas mediante la exposición o presentación y la argumentación. La disposición formal más frecuente es la siguiente:
a) Introducción: se expresa el tema (contenidos) y se indica el propósito del ensayo. Su finalidad es atraer la atención de los receptores.
b) Desarrollo: es la parte más extensa y contiene la exposición y análisis del tema. Se desarrollan tanto las ideas propias como se aducen argumentos y se aportan los datos y las fuentes necesarias (revistas, artículos, noticias…).
c) Conclusiones: se recopilan las ideas del autor sobre el tema, se proponen alternativas de solución y se concluyen las ideas que se han desarrollado.
d) Bibliografía: se indica qué fuentes se han consultado o utilizado para obtener información y defender las ideas.

ENSAYISTAS EN LENGUA ESPAÑOLA.
Durante la Generación del 98, las constantes preocupaciones por España y el sentido de la vida dieron lugar a reflexiones como las de Unamuno en En torno al casticismo, Del sentimiento trágico de la vida o La crisis del cristianismo. Junto con el ideológicamente errático Ramiro de Maeztu (Defensa de la Hispanidad), esta generación contribuyó, sin duda, a sentar las bases del ensayo moderno.
A principios de siglo el grupo de intelectuales que conocemos como novecentistas centraron su interés en la necesidad de modernizar España y su producción ensayística supone una superación del dramatismo y subjetivismo noventayochista. Entre ellos hay que citar a Américo Castro (que estudió la influencia que en la cultura española tuvieron las minorías judía y musulmana) o Menéndez Pidal (creador de la escuela filológica española), pero sobre todo a Ortega y Gasset (La España invertebrada y La rebelión de las masas).
El cultivo ensayístico de la Generación del 27 se centró más en la teoría de la literatura (Lenguaje y poesía, de Jorge Guillén) y los ensayos histórico-literarios (Estudios y ensayos gongorinos, de Dámaso Alonso).
Tras la Guerra Civil española, el cultivo del ensayo sufre un retroceso importante provocado, sobre todo, por el exilio de la mayor parte de los intelectuales del país y por la fuerte presión de la censura (por ser el ensayo un espacio para el debate ideológico, le afectaba más que a ningún otro género). Sólo se salvarán de ella aquellos autores más o menos afines al régimen o que cultivan un ensayo intrascendente y de temas no relacionados con la situación de España en el momento. Habrá que esperar a una tenue apertura del régimen, en los 50 y 60, para que aparezcan figuras como Laín Entralgo, Javier Marías, Tierno Galván, María Zambrano, José Luis Aranguren o Alfonso Sastre.
El fin de la dictadura de Franco, el regreso de muchos de los autores exiliados y la libertad de expresión suponen el avance definitivo del género ensayístico en España. Se recupera el espíritu de libertad anterior a la Guerra Civil y el ensayo laico y liberal, con firmas como Antonio Muñoz Molina, Fernando Savater (Ética para Amador), José Antonio Marina (Ética para náufragos), etc.  Por último, dentro de una línea más cercana a la creación literaria, han dejado su impronta novelistas o poetas como Francisco Umbral (ya fallecido) o Luis García Montero.
No podemos olvidar el ensayo hispanoamericano del siglo XX: en primer lugar, el argentino Jorge Luis Borges, con obras como Inquisiciones o Historia de la eternidad. Después es el poeta y ensayista mejicano Octavio Paz, autor de El arco y la lira, obra en la que ofrece su visión de la literatura, y Los hijos del limo, donde plantea cuestiones relativas a la identidad americana. En 1990 se le concedió el premio Nobel de Literatura.

Género teatral



EL TEATRO: CONSTITUYENTES Y CARACTERÍSTICAS. DOBLE DIMENSIÓN
El teatro o drama abarca aquellas obras, escritas en verso o prosa, destinadas a ser representadas ante un público, en forma de diálogo directo entre personajes, de acciones que van creando una trama, feliz o desgraciada.
a) Constituyentes teatrales.
·Texto escrito: Se compone de los diálogos entre los personajes y de las acotaciones, que ofrecen la información escénica necesaria para que la obra pueda representarse.
·Director: Se encarga de la adaptación, el montaje y la puesta en escena de la obra.
·Actores: Encarnan a unos personajes mediante palabras, gestos y movimientos.
·Escenografía: También denominada tramoya, es el conjunto de elementos ubicados en el escenario cuya función es la de marcar y caracterizar el espacio teatral.
b) Características del género teatral.
-Los textos teatrales tienen como finalidad la representación.
-Se crea una doble situación comunicativa. Por un lado, los personajes se comunican entre sí y, por otro, se produce una comunicación extraescénica entre actores y espectadores (los primeros fingen no hacer caso a los segundos).
-La modalidad discursiva habitual es el diálogo y, en menor medida, el monólogo (o soliloquio).
-Se integran tanto códigos verbales como no verbales (decorado, escenario, vestuario, maquillaje, luces, gestos, efectos sonoros…).
La obra teatral se puede estudiar en dos dimensiones: como texto teatral y como representación dramática, ya que es un texto literario concebido para ser representado ante un público, en un escenario. Por tanto, aunque puede ser leído, su emisión y recepción es colectiva (una compañía teatral y un público). Esto es lo que le diferencia de otros géneros (novela, lírica, por ejemplo).
Como texto literario que es, desarrolla una historia que se presenta directamente a través de las palabras y las acciones de los personajes (no a través de un narrador, como en la novela) y debe ser contada en el breve tiempo de una representación. Puede ser escrita en prosa o en verso.
            El público participa con frecuencia en el desarrollo de la obra a través de sus reacciones (risa, silencio, sorpresa, miedo, etc.). Sobre todo en el siglo XX, el teatro experimental incluye en el texto secundario indicaciones para provocar o interactuar con el público. Con este propósito se experimenta con la forma y colocación del escenario.

EL TEXTO DRAMÁTICO
En el texto dramático o teatral se distingue el texto principal y el texto secundario.
El texto principal adopta diversas formas:
1. Diálogo. Es el verdadero soporte de la acción. Corresponde a las conversaciones que mantienen entre sí los personajes, que actúan alternativamente como emisores y receptores. Es una recreación literaria de las conversaciones directas que se producen en la comunicación oral. El que esta «imitación» sea más o menos fiel o realista depende del tipo de obra y de la tradición literaria. Por ejemplo, durante mucho tiempo fue habitual que las obras de teatro se escribiesen en verso.
Además, a través del diálogo, los personajes se describen a sí mismos al manifestar sus sentimientos, estados anímicos, etc. La norma que los clásicos llamaban del decoro, por la cual había coherencia entre manera de hablar y caracterización personal o social, se rompe en el siglo XX con la aparición del teatro del absurdo, por ejemplo.
2. Monólogo. Es el parlamento en el que un personaje expresa en voz alta sus pensamientos y sentimientos. El discurso no se dirige a ningún interlocutor, sino a sí mismo, acercándose al estilo del monólogo interior narrativo. Se utiliza en momentos en que la acción se concentra y gana intimidad.
La meditación del personaje, revelándosela al espectador, se llama soliloquio. Si esta se dirige directamente a los espectadores, monólogo apelativo.
3. Apartes. Son intervenciones breves, muchas veces cómicas, que un personaje formula de manera que parezca que los personajes no lo oyen, aunque sí el público (y a veces a algún personaje).

El texto secundario está formado por las acotaciones. Son indicaciones sobre aspectos de la representación dramática, es decir, de la puesta en escena de la obra. No son pronunciadas por ningún personaje y suelen aparecer en letra cursiva y entre paréntesis. Pueden aparecer al principio del drama (acotación inicial); al comienzo de los actos (indicando los cambios de decorado, por ejemplo) e intercaladas entre las palabras de los personajes (señalando sus movimientos y forma de actuación).
En el teatro escrito actual ha disminuido notablemente la importancia de las acotaciones, ya que el director de la obra decide sobre todo lo que afecta a la representación y a la interpretación. Hasta hace unas décadas no existía la dirección tal como la conocemos hoy, de ahí que las indicaciones del autor fueran entonces más detalladas. En algunas obras, por ejemplo en todo el teatro de Valle-lnclán y Lorca, pueden llegar a adquirir carácter literario -poético incluso- y convertirse en parte fundamental del texto.
En el análisis del texto dramático debemos incluir (como en novela) el estudio de los personajes, el espacio, el tiempo y la acción dramática.
• Para el análisis de la acción dramática, distinguimos entre estructura interna (en que se puede dividir el conflicto) y estructura externa (de actos, cuadros y escenas).
• El espacio y el tiempo, si analizamos el espectáculo total, pueden ser dramáticos propiamente dichos (lugares y tiempo -externo e interno- del desarrollo de la acción), y escénicos (escenografía y duración de la representación). En algunas épocas, se ha respetado la llamada regla de las tres unidades, por la que se desarrolla una sola acción en un día como máximo y en un único espacio.

SUBGÉNEROS
Los subgéneros teatrales son muchos. Los hay mayores (tragedia, comedia, tragicomedia y auto sacramental) y menores (entremés, pasos, monólogo y farsa); también hay teatro musical (ópera, zarzuela, sainete).
Con todo, debemos destacar que la palabra comedia denominaba a toda obra teatral de nuestro teatro barroco, no solo a las de final feliz y que es en esta misma época cuando surgen los corrales de comedias, es decir, los primeros edificios teatrales, construidos ex profeso para las representaciones de interés lúdico y popular y que con el tiempo, derivarán en los locales de teatro actuales (teatros propiamente dichos o salas de teatro).
            Muy brevemente:
§ Tragedia: obra de origen griego que trata la lucha del individuo contra un destino dramático. Destacan, por ejemplo, las de Sófocles.
§ Comedia: obra de carácter humorístico con la intención de entretener al espectador y criticar o censurar vicios, defectos y comportamientos inapropiados. El desenlace es feliz. Destacan las de los hermanos Álvarez Quintero.
§ Drama: obra que incluye elementos cómicos y trágicos. Suele tener un final trágico. Su nombre procede del griego δράμα, que significa "hacer" o "actuar". En el drama burgués o “de salón” destaca Benavente.
§ Farsa: pieza cómica destinada a hacer reír, mucho más inverosímil que la comedia.
§ Sainete: obra breve, habitualmente cómica, de ambiente y personajes populares, donde se ridiculizan vicios y convenciones sociales. Destacan, por ejemplo, los de Ramón de la Cruz.
§ Esperpento: género literario creado por Valle-Inclán, en el que se deforma la realidad y se exageran sus rasgos grotescos. Destaca, por ejemplo, Luces de bohemia.
§ Parodia: obra que se vale de la ironía para realizar una burla de otra obra.
§ Comedia del arte: forma teatral nacida en el Renacimiento italiano que se caracteriza por la repetición constante de arquetipos, la gestualidad y la presencia de máscaras muy llamativas.
§ Teatro épico: intenta crear actitudes críticas y opiniones en el espectador, no emociones. Presencia de un narrador.
§ Happening: es una improvisación espontánea de actores y público. No hay texto previo.
§ Teatro de calle: se realiza en plazas y calles y su finalidad es la de acercar el género a un público que no suele asistir al teatro habitualmente.

Género narrativo




Género lírico


1.    ¿Qué es la lírica?
Los textos líricos presentan una gran variedad tanto formal como temática. Escrito tanto en verso como en prosa (en este caso, se denomina prosa poética), el lenguaje poético pretende crear un mundo connotativo, sugerente y polisémico, de manera que el resultado es un texto muy elaborado, lleno de artificiosidad y densidad expresiva.
Tres son las actitudes líricas entre la realidad (asunto) y el poeta:
1.- Emoción lírica: la realidad exterior al poeta es la que inspira la composición.
2.-Apóstrofe lírico: el poeta se dirige a un que constituye el referente constante del poema y con el que puede dialogar líricamente.
3.- Lenguaje de canción: El autor, atento sólo a su yo, nos da su visión de su realidad vivencial o de su mundo interior. Es la más lírica.
Su nombre proviene del hecho de que entre los griegos era cantada al son de una lira. Esta concepción musical permanecerá en sus manifestaciones más sencillas y populares, hasta que la lírica culta, a partir del XV, pierda el acompañamiento musical para quedar reservada a la lectura o recitación.

2.    El lenguaje literario
En general, podemos decir que estos textos se caracterizan por el predominio de las funciones expresiva y poética del lenguaje.
v     La lírica cumple, ante todo, una función expresiva ya que es un medio de expresión de la intimidad y de las experiencias más personales o subjetivas del poeta, que expresa sus sentimientos, emociones, estados de ánimo o ideas. Este yo poético  no debe identificarse directamente con el autor, pues son frecuentes los textos en los que el poeta, para transmitirnos su mensaje, se «enmascara» tras otro «yo» que no es necesariamente imagen de sí mismo. Como dejó bien claro Fernando Pessoa, “el poeta es un fingidor”.
La consecuencia inmediata de todo esto es la renuncia a la trama argumental. En la lírica, la descripción de los elementos reales o la narración de hechos sirven siempre para evocar el estado emocional del poeta. La forma externa puede ser narrativa, dialogada, etc., pero aun así la finalidad esencial seguirá siendo reflejar el estado de ánimo del poeta.

v     El otro aspecto fundamental es la función poética, ya que se usa el lenguaje de una forma especial, con intención estética. Para ello se cuida la forma del mensaje utilizando recursos literarios «extrañadores» que se separan de la lengua estándar, a fin de que el lector se sorprenda y pueda descubrir en lo dicho nuevos y más ricos significados.
La finalidad estética y la voluntad de forma, común a todos los textos literarios, se manifiesta en la lírica, frecuentemente, a través del verso, elemento esencial para crear el ritmo y la musicalidad. Para ello se sirve de la regularidad silábica, de la rima, de las repeticiones, etc. La rima y el verso, pueden aparecer o no en el texto lírico (en muchas ocasiones el autor decide, conscientemente, escribir poemas sin rima y poemas en verso libre o incluso en prosa), pero los textos líricos siempre tienen ritmo.
La forma de los textos líricos presenta, además, otra característica fundamental: la concentración y la brevedad, ya que son producto de la interiorización de experiencias que se despojan de elementos que se consideran accesorios o anecdóticos (se ha dicho en numerosas ocasiones que en un poema TODO tiene importancia y NADA sobra). Por eso, para la correcta interpretación de un texto lírico es importante tener en cuenta que la forma del mensaje y su contenido son dos aspectos inseparables: la forma es la expresión del contenido, o sea, es significativa. Si un contenido fuese expresado con otra forma, se alteraría su valor y, por tanto, su significado. La brevedad lleva consigo la acumulación de recursos expresivos.

v     En cuanto a la interpretación del contenido, si el lenguaje literario, en general, es plurisignificativo, la voluntad de forma que caracteriza especialmente al lenguaje poético exige del lector una lectura aún más atenta y reflexiva, puesto que, para interpretar eficazmente un texto poético,  es necesario desentrañar el sentido figurado del lenguaje y mantener una actitud abierta para compartir los sentimientos e ideas que el poeta intenta transmitir. Los temas líricos son muy variados y pueden ir desde asuntos serios a otros más o menos intrascendentes. Sin embargo, hay una serie de temas que han sido constantes a lo largo de la historia del género: la inquietud por los problemas sociales y políticos (constituyen la denominada poesía comprometida o poesía social), el amor (a otro ser humano, a la naturaleza, a los dioses, etc.), la vida y la muerte, el paso del tiempo, la contemplación del paisaje, la soledad del poeta y el mundo de los recuerdos, la religión...
Alguno de estos temas ha sufrido un tratamiento concreto que se ha repetido a lo largo de los tiempos. Se trata de los llamados «tópicos literarios» y su conocimiento, al igual que las constantes propias de cada movimiento literario, pueden facilitar la lectura de estos textos. Destacamos, entre ellos:
• Carpe diem (‘Goza el momento’): tópico de origen clásico que invita a gozar de los placeres terrenales ante la perspectiva de su pronta desaparición, con su variante para aprovechar la juventud:  Collige, virgo, rosas.
• Tempus fugit (‘El tiempo huye’): se trata de la conciencia de la fugacidad
de la vida, el paso rápido del tiempo y la angustia que provoca la inexorable llegada de la muerte.
• Homo viator (‘Hombre caminante’): la vida terrenal no tiene valor en sí misma; es sólo un camino hacia la muerte y hacia la vida eterna.
• El poder igualatorio de la muerte: la muerte aguarda a todos los seres humano sin distinción de edad o condición.
• Ubi sunt (‘¿Dónde están?’): tópico que señala la desaparición de los bienes poseídos a causa de la destrucción que provoca la muerte. El poeta se pregunta qué será ahora de todo aquello que resplandecía (juventud, dinero, poder...) en el pasado.
•La Fortuna (la suerte, el destino): tema de origen clásico que ejerció gran atracción entre los hombres del siglo XV. Se trata de una señora que, con su caprichosa rueda, rige el destino de los hombres.
• Vanitas vanitatis (‘Vanidad de vanidades’): tópico de origen bíblico que trata del desprecio hacia los bienes terrenales. Nada en este mundo posee auténtico valor. Los valores del mundo (belleza, juventud, poder...) terminan desapareciendo por efecto del tiempo, la fortuna o la muerte.
•La vida es sueño: inconsistencia de la vida, es como un sueño, un teatro, donde se confunden realidad y ficción.
• Locus amoenus: descripción de un paisaje natural idealizado.
•Beatus ille: elogio de la vida sencilla y retirada en el campo apartado de las pasiones como la vanidad  o el poder.




3.    La métrica
Medida
(número de sílabas de cada verso) Para medirlo hay que tener en cuenta:

Sinalefa

Si la última sílaba de una palabra acaba en vocal y la primera sílaba de la siguiente empieza por vocal, se unen formando una sola sílaba. No influyen ni la h‖ ni los signos de puntuación ni la y‖.
Cuentan de un sabio que un día (8)
La risa y humor sentiste. (7)
Papá, en   la oficina. (6)
Licencias métricas
(El poeta tiene libertad para hacer y deshacer diptongos o hiatos.)
Sinéresis
Consiste en hacer de un hiato un diptongo.

Veo volar la mariposa.
(Gramaticalmente tiene 9 sílabas; pero si el autor quiere, puede contar 8 haciendo del hiato un diptongo.)
Diéresis
Consiste en hacer de un diptongo un hiato.
Sïento tu llanto sin pena.
(Gramaticalmente tiene 8 sílabas; pero si el autor quiere, puede contar 9, haciendo del diptongo un hiato.)
Compensación silábica
Si un verso acaba en palabra aguda, se añade una sílaba
Herido de amor (5+1=6)
Si un verso acaba en palabra esdrújula, se resta una sílaba
Como una música (6-1=5)
Rima
(Es la semejanza en los sonidos finales a partir de la última vocal tónica de cada verso.)

rima asonante
Cuando sólo coinciden los fonemas vocálicos desde la última vocal tónica.
Entre las grises peñas
sobre la fina hierba
rima consonante
Cuando coinciden todos los fonemas vocálicos y consonánticos a partir de la última vocal tónica.
Porque los sueños de amor
son igual que una flor
rima libre
Cuando no hay forma definida de rima entre los versos.
Denominación de los versos según el nº de sílabas
Arte menor
Tetrasílabos (4 )
Del verano
Pentasílabos (5)
dentro del agua
Hexasílabos (6)
la orilla del mar
Heptasílabos (7)
El nácar bajo el sol
Octosílabos (8)
amapolita dorada
Denominación de los versos según el nº de sílabas
Arte mayor

Eneasílabos (9)
mueren hombre, pájaro y flor
Decasílabos (10)
una mañana de primavera
Endecasílabos (11)
catorce versos dicen que es soneto
Dodecasílabos (12)
no hay nada más bello que lo deseado
Alejandrinos (14)
perdóname por todo lo que no te conté
Estrofa
(Es un número determinado de versos con una estructura especial que depende del número de sílabas y de la rima).

A cada verso se le denomina con una letra del alfabeto, minúscula si es de arte menor y mayúscula si es de arte mayor. A todos los versos que tienen la misma rima se les pone la misma letra. Llamamos esquema a la sucesión de letras que denominan a todos los versos de una estrofa.
A continuación, tabla de diferentes estrofas:
versos
ESTROFA
ESQUEMA MÉTRICO
CARÁCTE-
RÍSTICAS
EJEMPLO
2 versoss
Pareado
AA / aa
Arte mayor / menor.
Cualquier rima.
Con su castillo guerrero
arruinado, sobre el Duero;
Antonio Machado
3 versos

Terceto
A-A
Versos de arte mayor.
Rima consonante
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Miguel Hernández
Tercetillo
a-a
Versos de arte menor.
Rima consonante.
Pero yo he visto beber
hasta en los charcos del suelo.
caprichos tiene la sed.
Antonio Machado
4 versos

Cuarteto
ABBA
Arte mayor.
Rima consonante
Aquí yacen de Carlos los despojos:
 la parte principal volvióse al cielo;
con ella fue el valor, quedóle al suelo
miedo en el corazón, llanto en los ojos.
Fray Luis de León
Serventesio
ABAB
Arte mayor.
Rima consonante
Pasa el alma, debajo de los pinos,
como por vagas sombras celestiales;
gualdos de flores, tienen los caminos
estelas de fragancias ideales…
Juan Ramón Jiménez
Redondilla
abba
Arte menor
Rima consonante
¿Adónde el camino irá?
yo voy cantando viajero
a lo largo del sendero…
-la tarde cayendo está-
Antonio Machado
Cuarteta
abab
Arte menor
Rima consonante
Yo voy soñando caminos
de la tarde.!las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
Antonio Machado
Copla
-a-a
Arte menor
Rima asonante
Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son;
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.
Manuel Machado
Seguidilla
7a 5b 7a 5b
Arte menor
Cualquier rima
Arenas amarillas,
palcos de oro.
Quién viera a las mulillas
llevarme el toro.
Gerardo Diego
Cuaderna Vía
AAAA
Versos alejandrinos
Rima consonante
Había en una tierra un hombre labrador
que usaba más la reja que no otra labor,
más amaba la tierra que a su creador,
y era de todas formas hombre revolvedor.
Gonzalo de Berceo
5 versos
Quinteto
Variable pero con las siguientes reglas:
Arte mayor y Rima
consonante. No hay versos sueltos, ni más de dos seguidos con misma rima. Los dos últimos no riman entre sí.
Yo soy virgen casta que todos adoran,
que todos aguardan con viva inquietud;
yo soy manjar rico que todos devoran;
amante a quien todos suspiran y lloran cuando huye a otros brazos; ¡yo soy juventud!
Miguel Hernández
Quintilla
Variable
Arte menor
Rima consonante
Un huerto de albos azahares
es todo tesoro mío;
un alma experta en cantares,
una choza entre cañares
y a la orillica del río.
Miguel Hernández
Lira
7a 11B 7a 7b 11b
2 versos endecasílabos y 3 heptasílabos
Conmigo está mi dueño,
leyendo su lectura silenciosa.
mi dueño es muy pequeño,
mas tiene voz de rosa
cuando del alma el canto le rebosa. Blas de Otero
6 versos
Estrofa de pie quebrado
8a 8b 4c 8a 8b 4c
Arte menor
Rima consonante
Recuerde el alma dormida
vive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida
cómo se viene la muerte,
tan callando
Jorge Manrique
Sextilla
Variable
Rima consonante.
En arte mayor, se llama Sexteto.
…Y yo, mi niña, teniendo
abrigo contra el relente,
mientras va el sueño viniendo.
…Y tú, mi niña, durmiendo
en los ojitos del puente,
mientras va el agua corriendo.
Rafael Alberti
8 versos
Octava Real
ABABABCC
Arte mayor
Rima consonante
Cerca del Tajo en soledad amena,
de verdes sauces hay una espesura,
toda de hiedra revestida y llena,
que por el tronco va hasta la altura
y así la teje arriba y encadena,
que el Sol no halla paso a la verdura;
el agua baña el prado con sonido
alegrando la vista y el oído.
Garcilaso de la Vega
Octavilla
Variable
Arte menor
Rima consonante
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones,
cien naciones
a mis pies.
Espronceda
10 versos
Décima
o espinela
abbaaccddc
Arte menor
Rima consonante
Difuso se profundiza
el cielo en curva indolente
sobre la lluvia: vehemente,
aunque leve, escurridiza.
¡Tiempo sin tiempo! Desliza
su masa fiel la memoria.
y raptándose a la historia
un cuerpo tendido asiste
a este día que lo viste
de luz sin pena ni gloria.
Luis Cernuda
14 versos
Soneto
2 cuartetos y
       2 tercetos
Arte mayor
Rima Consonante
Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado;
es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado;
es una libertad encarcelada
que dura hasta el postrero parasismo,
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo
Francisco de Quevedo
Nº indefinido de versos

Romance
8- 8a 8- 8a 8- 8a 8-…
Arte menor
Rima asonante
Verde que te quiero verde
verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Federico García Lorca
Romance endecha
7- 7a 7- 7a 7-…
Como el romance, pero con heptasílabos
Cuando todo es mentira,
cuando el mundo es tormento,
cuando se ruega al aire
que se abra un nuevo cielo (…)

Romancillo
6- 6a 6- 6a 6-…
Como el romance, pero con hexasílabos
Cuando llega a mí
tu eterna palabra,
destierras mi angustia,
mi dolor, mi adarga.
Nº indefinido de versos
Romance heroico
-A-A-A-A-A-…
Endecasílabos con
rima consonante en los pares, sueltos los impares
El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
—polvo, sudor y hierro—, el Cid cabalga.
Zéjel
Variable, siempre de arte menor.
Consta de un estribillo y varias estrofas en las que el último veso rima con el estribillo y los restantes lo hacen entre sí; por ejemplo: a a b b b a
¡Ay fortuna, (a)
cógeme esta aceituna! (a) [Estribillo de 2 versos]
Aceituna lisonjera (b)
verde y tierna por defuera, (b)
y por dentro de madera, (b) [Mudanza]
¡fruta dura e importuna! (a) [Vuelta]
¡Ay fortuna, (a)
cógeme esta aceituna! (a) [Repetición del estribillo]
Fruta en madurar tan larga (c)
que sin aderezo amarga; (c)
y aunque se coja una carga, (c) [Mudanza]
se ha de comer sola una. (a) [Vuelta]
¡Ay fortuna, (a)
cógeme esta aceituna! (a)
                                            Lope de Vega
Villancico  (Letrilla si es de tema satírico o humorístico)
Variable, siempre de arte menor y rima consonante
Consta de un estribillo y varias estrofas de cuatro o, a veces, tres versos. Varias combinaciones posibles (enlace, vuelta y segundo verso del estribillo)


Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues, de puro enamorado,
anda continuo amarillo,
que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
Es Don Dinero.
Francisco de Quevedo
Silva
Variable
Versos endecasílabos y heptasílabos
Riman a gusto del poeta
Laude, Señor Dios mío,
al hermano color, a los colores:
al fraternal violeta,
al verde, al blanco, al rojo, al amarillo,
al negro, al oro, al rosa
y al que es lengua pintando tus loores
cuando se eleva airosa
a humilde, a pobrecillo
pájaro fiel a mi mano:
el claro azul, el buen añil hermano.
Rafael Alberti
Silva arromanzada
Versos endecasílabos y heptasílabos
Sólo riman en asonante los pares
¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, oscuros encinares,
ariscos pedregales, calvas sierras,
caminos blancos y álamos del río,
tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy siento por vosotros, en el fondo
del corazón tristeza
Antonio Machado
Versículos
(se suele hablar de versos libres)
Versos sin rima, sin acentos en lugares fijos, y mezclando versos de las medidas más variadas. Tienen ritmo producido por la repetición de las mismas palabras, de esquemas gramaticales, de parecidas imágenes e ideas (ritmo psicológico)
No me digas
que estás llena de arrugas, que estás llena de sueño,
que te han caído los dientes,
que ya no puedes con tus pobres remos hinchados,
deformados por el veneno del reuma.
No importa, madre, no importa.
Tú eres siempre joven,
eres una niña,
tienes once años.
Oh, sí, tú eres para mí eso: una candorosa niña (…).
Dámaso Alonso




4.    La lírica en el siglo XX

Se caracteriza por dos elementos fundamentales:
1.- LIBERTAD CREADORA tanto en los temas tratados como en la forma del verso. En este último aspecto destacan:
·         Empleo del verso libre  o versículo (sin rima ni medida)
·         Alteración de los esquemas métricos y las estrofas de la poesía tradicional y clásica.
Los dos factores anteriores no impiden que el mismo poeta en un mismo poemario componga un soneto o unas redondillas según el esquema clásico.

2.- COTIDIANIZACIÓN DE LA POESÍA,  en un doble aspecto:
·         El LENGUAJE: se introducen en la poesía expresiones, giros y palabras de la lengua cotidiana. Podría decirse que se "prosifica", al menos en este sentido de lo cotidiano. En muchas ocasiones parece que el poeta está "dialogando" con el lector
·         Los TEMAS: son los de la vida cotidiana, sobre todo en la ciudad: las calles, los cubos de basura, los objetos habituales, etc.